El estudio de los santos, como aquellos hombres ordinarios que auguraron un sentido que los trascendía y que pusieron sus vidas al servicio de un amor que los arrastraba y les permitía al mismo tiempo concretar sus posibilidades más singulares, nos ofrece un legítimo camino en pos de alcanzar la autonomía individual y, desde ese lugar, aspirar a una inédita realización colectiva. La santidad trata de la apertura a una realidad, no empírica, que hace al hombre común y corriente experimentar, contra toda heteronomía, su más singular posibilidad y transgredir de modo misterioso las fronteras naturales de su limitación. Para acceder a la nota completa, ingrese al siguiente link



Últimos comentarios