5 comentarios para “«La fidelidad es a la persona»”

  1. Juan Carlos Vila Alonso

    Enhorabuena por convertirlo en post, pues así llega a más gente. En todo caso sería bueno que le pudieras comunicar a Carlos las impresiones y comentarios que hagamos, ¿no? Me había quedado con ganas de contestar este comentario pero no parecía oportuno salirse del post para hacerlo. Gracias por la opción.

    Para contestar no voy a situarme desde ninguno de los dos autores en particular, aunque mi influencia (o mi raíz, siguiendo la terminología de Carlos Díaz en «30 nombres propios») creo va a quedar clara.

    La primera aporía que menciona Carlos no me parece tal. La persona es y se hace. Desde el primer momento somos personas y por tanto somos dignos; no se trata de una cuestión de perfección o imprefección, categorías aritotélicas y tomistas que resultan complicadas (cuando no peligrosas) a la hora de hablar de la persona. No somos en potencia, pues, sino que somos personas desde un primer instante, pero personas que deben pasar por un proceso de personalización. Éste se desarrolla de manera doble; en relación con los demás y relación con uno mismo. Además existe la posibilidad de descubrir en los demás y en uno, una forma de relación especial con la trascendencia, que en ningún caso es independiente de nuestra relación con los otros y con nosotros mismos, y que no es imprescindible para el proceso de personalización. Estamos demasiado imbuidos de la concepción aristotélica de que la perfección y la completud van unidas, de donde proviene la idea de progreso o desarrollo que manejamos habitualmente en sentido de mejora, avance, o camino de perfección, cuando en realidad son simplemente camino.
    Así las consecuencias de una visión perfeccionista son precisamente de las que alerta Carlos en estas líneas; sólo vales si te adhieres a una escala de valores, por lo que quien no puede por ser nonnato o discapacitado no sería persona o lo sería «menos». De la misma manera que he visto justificar a reputados neotomistas la pena de muerte, ya que igual que se «mejora», se «empeora», pudiendo perder en la escala personal. Ser no implica estaticidad; la discrepancia entre Heráclito y Parménides es falsa, se trata de dos maneras de explicar lo mismo. El ser se desarrolla y no es por ello que sea mejor o peor, sino por su adscripción a una escala de valores.
    Hasta aquí mi matiz con Carlos es que creo que el tomismo es una mala explicación de lo que dijo Tomás de Aquino. Maritain se ciñó finalmente en exceso al tomismo. Esto ya lo separó de Péguy y lo separaría de Mounier.
    Mounier es un pensador arriesgado, más preocupado por entender y explicar qué acontecía con la persona, que en mantener una rigurosidad filosófica. Y esto lo aprendió de Landsberg, su «maestro» en entender qué era eso del compromiso, alguien extraordinariamente riguroso que también entendía de las urgencias, que prefirió la inestabilidad al quietismo.
    En fin, que esto da para mucho y es un comentario…

  2. Carlos

    Mala jugada me hace Javier al convertir mi comentario al paso en un post, porque acentúa la responsabilidad sobre mis palabras y su claridad. Pero, ¿qué podría agregar? En líneas generales, Juan Carlos ha entendido mi punto de vista; pero no lo comparte. ¿Qué puedo hacer? Considero que mi punto de vista es verdadero; pero la verdad se propone, no se impone. Podemos pasarnos cien mil comentarios en los que cada uno intenta aclarar mejor su punto de vista, sin que al final puede mover ni una pizca el punto de vista del otro. Antes bien, terminaríamos como Edith Stein, reconociendo que somos lectores atentos de la postura del otro; pero que no podemos hacer tabula rasa de la senda filosófica que cada uno ha escogido, la raíz de la cual se nutre. Con todo hay una razón que valida el diálogo, y es que si bien puede que al final no se muevan las inteligencias, se pueden mover las personas para comprenderse unas a otras.

    Comencemos por la aporía que señalo. Juan Carlos dice que no es tal porque, afirma, la persona es y se hace. Ciertamente, si dirigimos nuestra atención a la realidad vemos que Juan a lo largo de su vida cambia tanto a nivel biológico, psicológico, anímico, y sin embargo sigue siendo Juan. No se puede negar que Juan cambia; pero tampoco se puede negar que Juan permanece en medio del cambio, esa es la realidad (a este problema refiere san Agustín en las primeras páginas de las confesiones). Le toca a la filosofía intentar dar una explicación suficiente de ese aspecto de la realidad. Afirmar, como lo hace Juan Carlos, que la persona es y se hace, es un intento de describir la realidad; pero no de explicarla, y repetirla varias veces no la convierte en explicación. Y no solamente la afirmación de que la persona es y se hace no explica nada, sino que sucumbe a la perplejidad cognoscitiva. ¿En qué se nota la perplejidad? En que se resuelve la antinomia en una macla contradictoria. ¿Qué consecuencias trae esto? Que como lo realidad es no contradictoria, si lo pensado es una macla contradictoria, lo pensado no es pensamiento de lo real, sino puro pensamiento. Nos hemos desconectado de la realidad, y nuestro pensamiento intenta autofundarse. Nótese por ejemplo la afirmación «somos personas desde un primer instante, pero personas que deben pasar por un proceso de personalización», ¿Si somos personas por qué debemos pasar por un proceso para hacernos personas? Esta afirmación es producto de la perplejidad, es la reaparición en términos personalistas de la causa sui de Spinoza (en Spinoza la causa sui aparece porque macla el orden de las ideas y el orden de las cosas). Como la persona es causa sui lo trascendente no es imprescindible para el proceso de personalización. Si la trascendencia «no es imprescindible para la personalización»; pero los valores si son necesarios para personalizarse, ergo, los valores no son del ámbito de lo trascendente, ¿son los valores inmanentes? Todo parece indicar que sí, dado que el ámbito de la trascendencia se ha tornado prescindible. Detrás de todo esto palpita un intento de colocar la ética por encima de la metafísica, lo que supone una postura voluntarista.

    ¿Cómo superamos la macla? Siendo fieles a la persona. Muchas veces los personalistas no se toman en serio lo que dicen; dicen que la persona es única e irrepetible, y a continuación llenan a la persona de notas que son comunes a todos los seres humanos, y que no tienen nada de únicos e irrepetibles: inteligencia, voluntad, afectividad, corporeidad, caracter sexuado… nada de esto tiene el carácter de ser único e irrepetible, al grado que se pueden establecer tipologías de inteligencias, de voluntad, sexuales, de carácter. Todo aquello que tenemos en común los seres humanos pertenece al ámbito de la naturaleza, que es algo distinto de la persona. (Esta distinción entre persona y naturaleza es algo que está estrechamente vinculado al origen del término de persona. En la patrística creo que se la debemos al Damasceno, y se ha aplicado para referir que Dios tiene una naturaleza pero es tres personas; o que Cristo es una persona pero tiene 2 naturalezas: humana y divina; durante la edad media se mantiene a nivel teológico aunque al expresarla en el lenguaje filosófico escolástico pierde su radicalidad. La modernidad la olvida. Se puede encontrar algo de esto en autores como Scheler, Guardini, Leonardo Polo; Marcel la barrunta en algunos textos, pero no logra tematizarla por insuficiencia metódica. Muchos autores contemporáneos han optado por una visión holística de la persona). La persona es acto, es el acto de ser que cada quien es. Somos seres humanos porque tenemos una dotación común, que podemos llamar naturaleza; pero a la vez somos personas distintas una de otra. La persona es acto de ser; pero no hay que considerar el acto de ser como algo estático, eso sería confundirlo con un objeto pensado.

    El acto de ser es activo; pero esa actividad no pude ser contradictoria; porque significaría recaer en la macla. La actividad del ser no comporta cambio. Identificar actividad y cambio, es un límite que introduce el conocimiento objetivo; el cual al intentar entender la actividad mediante un objeto estático, introduce una serie de objetos para suponer la actividad, con lo cual la actividad deviene en proceso, en cambio. La actividad del ser es persistir en su existencia, es no cesar de ser.

    En el caso del ser personal, su actividad no se puede agotar en persistir. La persona es además del ser del universo; por eso lo propio de la persona es coexistir. Coexistir no es existir de modo yuxtapuesto, como la mónadas; sino es apertura hacia el ser. La persona se abre hacia dentro, tiene intimidad. La persona se abre hacia afuera, hacia el ser del universo y hacia otro ser personal; la persona se abre hacia su propia naturaleza y dispone de ella. Respecto a esto último, tiene razón Juan Carlos cuando detecta que lo propio de la persona es personalizar; pero no lleva razón cuando lo interpreta como personalizarse. Lo que la persona personaliza es su naturaleza, la hace crecer, la asume personalmente, constituye entonces su personalidad (yo). El crecimiento de la esencia humana es primariamente ético.

    – – –
    Una última cosa ya no sobre la persona sino sobre la filosofía. Dice casi al final Juan Carlos: «aprendió de (..) Landsberg, su “maestro” en entender qué era eso del compromiso, alguien extraordinariamente riguroso que también entendía de las urgencias, que prefirió la inestabilidad al quietismo.» Lo contrario de inestabilidad es estabilidad, y lo contrario de quietismo podría ser dinamismo. No son conceptos contrarios, una bicicleta es estable en movimiento e inestable cuando está quieta. Si alguien apremiado por las urgencias del compromiso se creyó obligado a tener que elegir entre la inestabilidad y el quietismo; se vió enfrentado a un dilema falso. Si algún día me veo en la situación de estar en un quirófano por alguna dolencia grave, urgente; quiera Dios que me atienda un cirujano comprometido con curarme, activo, dinámico, y no aletargado, quietista; pero por nada del mundo deseo que sea una persona inestable ni emocional, ni intelectualmente, y mucho menos en el pulso.

    N.B: No soy filósofo, soy profesor de filosofía, que es distinto y no es falsa modestia. Llo que he escrito se nutre de mis lecturas, sobre todo de Leonardo Polo, San Agustín, Tomás de Aquino y los personalistas; pero no me atrevo a decir que es así como piensan porque sabrá Dios hasta qué punto los he etendido o malentendido.

  3. Juan Carlos Vila Alonso

    Coincido casi plenamente en el análisis inicial en la respuesta de Carlos. Ambos sabemos a qué tradiciones pertenecemos, aunque yo no creo que mi punto de vista sea “verdadero”. Es mi lectura y mis conclusiones sobre lo que hemos hablado y lo que he leído de los autores en cuestión. No creo que haya en mí voluntad de considerar mi interpretación como la verdadera, sino como una que cuadra con mi visión del mundo. Vivo el personalismo, y ello me hace situarme de forma vital frente a la realidad, pero también como filósofo. Cuando afirmo que la persona es y se hace no pretendo describir la realidad, sino mostrar precisamente una doble vía en la multiplicidad que somos. Pues no cabe duda que existimos, estamos y que además somos; incluyo las tres vertientes ya que en castellano no están bien subsumidas las tres en el verbo ser. Somos personas porque es nuestro modo de ser; qué sea la persona es una labor concreta a llevar a cabo en otro lugar. Nos situamos en el mundo y actuamos, estamos y existimos de un modo también, que se corresponde con lo que entendemos por ser persona. Del hecho de que concibamos de una manera u otra a la persona, como solamente una forma de ser, o también como una forma de actuar en el mundo y en el devenir del tiempo, cambian radicalmente. Así lo que trataba de describir era que habían dos formas de abordar el problema.

    Por otro lado, me gustaría que me explicaras que entiendes por “macla”, ya que para mí es una unión de cristales gemelos en forma simétricos. Si se trata de una relación metafórica, entiendo que la diferencia entre ambos sigue siendo metodológica, ya que tú estás viendo a cada “cristal” gemelo por separado, y yo veo la unidad que forman, que sería la persona.

    En cuanto a las contraposiciones:
    De “personalizar” y “personalizarse”, creo que hay algo que no entiendo. Si yo personalizo “mi”… me personalizo, en palabras tuyas, con lo que en principio estamos diciendo lo mismo, aunque yo no hablo de “naturaleza”, terminología ajena a mí.
    De “inestabilidad” y “quietismo”, es un juego de palabras que he utilizado, ya que inestable y dinámico están emparentados, y por lo mismo sus opuestos. Y lo que me interesaba oponer era la inestabilidad de lo que se reconoce como estable en nuestra sociedad (tener un trabajo bien visto, una familia “normal”, una casa,…) y la quietud en cuanto a inmovilismo.

    Y dos apuntes finales:
    Yo sí me considero filósofo, porque es mi vida y aplico lo que aprendo en lo que enseño. Hago de mi vida un reflejo de lo que pienso, o eso intento. Creo que es tan lógico como considerarse biólogo aunque se sea profesor de biología.
    Los pensadores escriben lo que piensan, incluso lo que piensan sobre otros pensadores que escribieron (….), y es nuestra función interpretarlos. No creo haber dicho que pensaran así, es mi interpretación de lo que dijeron, y de ella resultan otros caminos, como en tu caso, enriquecedores (espero) de lo anterior. No podemos ser meros repetidores, debemos arriesgar, jugar en la inestabilidad del compromiso con la realidad para descubrir al otro, y quien sabe, si la Gracia, de conocer al Otro.

  4. lorena

    eso estamallllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllll garantontos bobos

  5. Carlos

    Estimado Juan Carlos, cuando dije que consideraba que lo que exponía era verdad, no nacía esa afirmación de ninguna voluntad de verdad ¿nietzscheana? Como afirmas. Como tú, lo que expongo son conclusiones del razonamiento de mis lecturas, y esas conclusiones –por las razones que las sustentan- se me muestran como verdad, al margen de lo que mi voluntad quiera (y muchas veces ocurre que incluso en contra de la voluntad de uno). Me llama la atención que por una parte sostengas que no crees que tu punto de vista sea verdadero -¿lo consideras falso?- y por otra parte digas que haces de tu vida un reflejo de lo que piensas. ¿Haces tu vida a imagen y semejanza de un pensamiento del cual no estás seguro que es verdad? ¿Ese es el riesgo al que tiendes: coger la verdad dicha por un filósofo y convertirla en una no verdad, y vivir en la inestabilidad de no estar viviendo de acuerdo con la verdad? ¿En tan poco valoras a la persona – y sobre todo a tú persona- que crees que este tipo de compromiso le es suficiente? Insisto, si considero que mis conclusiones son verdaderas es porque detrás de ella hay razones no voluntades. Si dialogo contigo, o con cualquier otro, es porque no pretendo que mis conclusiones sean verdad absoluta –una verdad absoluta solo puede ser conocida por Dios- y en esa medida mis conclusiones pueden ser corregidas o aumentadas.

    Respecto a lo que dices a continuación no me queda claro si “no pretendes describir” o si “lo trataba de describir era”; pero quede que no describes sino que muestras a través del lenguaje. Reformulo entonces lo que dije: mostrar varias veces una afirmación no es demostrarla. Con lo dicho en mi anterior comentario, puede entenderse con qué estoy de acuerdo y con qué no de lo que pones a continuación.

    Sobre lo que sea la macla. El sentido originario es el de los cristales al que aludes. Y lo aplico al conocer. Nuestro conocer actúa –para decirlo rápido- separando y uniendo. Muchas veces nuestro intelecto une cosas que debería haber tenido que separar, y produce una concepción problemática de la realidad. Descartes, por ejemplo, macla el pensamiento y la existencia en su concepto de res cogitans.

    Sobre personalizar o personalizarse. No estamos diciendo lo mismo aunque intentamos explicar la misma realidad. Mi afirmación intenta aprovechar la distinción real entre acto de ser (ser personal) y esencia (modo de ser). En la experiencia del recogimiento –de la que habla Marcel- descubro que no soy lo que pienso, ni lo que quiero, ni lo que siento; ni el acto de pensar, ni de querer ni de sentir. Descubro también que no soy mi vida, que puedo tomar distancia de ella e incluso en algún momento llegar a verla como una traición a mi ser personal (arrepentimiento). Todo eso que descubro que no soy, constituye mi esencia humana (lo que tengo en común con todo ser humano). Esa esencia no es la persona, pero es personalizable por medio de las virtudes. Puedo disponer de mi temperamento por medio de las virtudes, hasta constituir un carácter y una personalidad.

    Sobre inestable y quietismo, entendía tu juego de palabras; por eso quise mostrar que no tiene fundamento. Inestable y dinámico no están en modo alguno emparentados, por eso aludía al dinamismo estable de una bicicleta, por citar un ejemplo gráfico. Entendía también lo que realmente intentabas oponer, y por eso mi descalificación a tu juego de palabras. ¿Quién ha dicho que tener un trabajo de esos que llamas bien vistos –sea lo que sea que eso signifique- o tener una familia “normal”, una casa, es algo que se pueda asimilar a la idea de quietud y estabilidad? Los niveles de estrés, y demás trastornos psicológicos parecerían demostrar lo contrario. La madre de una familia “normal” que pasa inmóvil toda la noche velando la cama de su hijo enfermo, vive una situación de inestabilidad; y no creo válido ningunear su inestabilidad solamente porque no responden a unos prejuicios abstractos de lo que es la corrección de lo»políticamente incorrecto». El “burgües” –porque me parece que a él te refieres- también es persona y hay que tratarlo personalmente, hay que ser fiel a su persona, y no encasillarlo en una abstracción.

    Estimada lorena, insultar es fácil ¿quién no lo hace?.

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