13 comentarios a “Maritain – Mounier: metafísica del ser y metafísica del devenir”

  1. Juan Carlos Vila Alonso

    Este post es calor y conciso. Traer las palabras de Arostegui sobre el tema es muy interesante, porque centra todo el debate entre las dos líneas principales del personalismo hasta hoy.

    Desde mi punto de vista existe una Filosofía de la Persona, de clara influencia tomista, en la que Karol Wojtyla sería su exponente más importante en los últimos tiempos, y en la que Maritain y Von Balthasar se sitúan en la periferia como claros referentes. Luego tenemos el Personalismo Comunitario, que con Mounier como referente, ha ido generando pensamiento también durante los año posteriores a él, con Carlos Díaz como el pensador que más a aportado en su bagaje teórico en los últimos años.

    En la misma línea por ejemplo está la diferencia de base entre la Asociación Española de Personalismo y el Instituto Emmanuel Mounier, siendo cada uno de ellos representante respectivamente de las líneas mencionadas.

    Las influencias son determinantes a la hora del compromiso de la acción, como reconoce Arostegui en línea con Landsberg. Quizás no esté tan de acuerdo en su apreciación del Manifiesto, pero eso es una cuestión más larga.

    Gracias por el post.

  2. actoypotencia

    Juan Carlos, gracias por tu activa participación en este sitio con aportes tan interesantes. Sobre el tema, me cuesta un poco pensar las dos metafísicas y su relación recíproca, pues a decir verdad, me siento muy inclinado al concepto maritainiano de persona, llamémosle “acabado” (con Aróstegui), pero que necesita del otro ya que “es para el otro”. De ahí que Maritain siempre se refiera a un nuevo orden social, al humanismo integral, etc., es decir, considerando siempre a la comunidad. Ahora si bien Mounier quizás es más explícito a la hora de lo comunitario, me cuesta comprender su intelección de la persona más que como “ser”, como “hacerse”.

  3. Carlos

    Creo que la idea de una persona que se hace persona, nos coloca ante una aporía: primero, ¿mediante qué actos la persona se hace persona? ¿mediante el compromiso con los valores, las acciones éticas? De ser así, ¿los niños que están en el vientre materno no serían personas por no manifestar compromiso alguno con los valores (o realizar la acción que sea que nos haga personas)? Igual questionamiento se podría realizar con una persona en estado de coma. ¿Valida esto la eutanasia o el aborto? Segundo, podría decirse que el no nacido es una persona en potencia; pero la potencia implica imperfección respecto al acto. ¿cabe una persona imperfecta? o en otros términos, ¿cabe hablar de un más y un menos en las personas? ¿Hay hombres que son más personas que otras y por ende más digna que otras, en la medida en que se ha hecho más o de mejor manera? Esto me inclina a pensar a la persona más como “ser” que como “hacerse”.

    De que la persona es “ser” y no “hacerse”, no se sigue de que sea una mónada. La incomunicabilidad personal no solo no es contraria a la interpersonalidad, sino que es su “fundamento” (puede verse al respecto el capítulo II de La Interioridad de la Persona de John Crosby). El querer contraponer la incomunicabilidad tomista (medieval, en realidad) con la comunión interpersonal del personalismo y las filosofías del diálogo, pone en evidencia una lectura deficiente, superficial, de la metafísica tomista. Para Tomás de Aquino el ser humano es persona incomunicable, pero a la vez está llamado a la comunión con Dios. Tampoco se puede decir que porque la persona es ser acabado no tenga ya nada que hacer. En los seres humanos, se distingue el ser de la esencia, la naturaleza de la persona. La esencia es potencial y corre a cargo de la persona actualizarla, hacerla crecer, y ese crecimiento solo se hace en relación, porque el crecimiento humano es sobre todo ético.

    Por último, el tomismo es una obra filosófica audaz, imponente; pero -por razones varias- con una visión de la persona insuficiente. Le toca al personalismo rescatar lo valioso y criticar las limitaciones para proseguir cognoscitivamente; pero esto tiene que hacerlo -como señalaba Carlos Díaz en Córdoba- con un estudio serio y riguroso de la filosofía, y no con juegos de palabras insustanciales. Maritain es ciertamente un pensador serio y riguroso, y es loable su intento de actualizar el tomismo; sin embargo, en muchos aspectos terminó siendo más fiel al tomismo que a la realidad, y no se aventuró a una ampliación temática del ser personal, sino que lo siguió entendiendo análogamente. Mounier es también otro pensador serio, pero su interés por el compromiso a veces lo lleva a perder rigurosidad y precipitarse en algunas conclusiones insostenibles. Nos toca, al igual que con el tomismo. rescatar lo valioso de su filosofía y criticar los límites del pensamiento de mounier, para poder seguir conociendo. La fidelidad no es ni para Mounier ni para Maritain, sino hacia la persona.

  4. Julita Munilla

    Interesante y complejo. Si para vos la cuestión no es díafana, imaginate para mi. Es oscura y complicada.
    Fuera de todo razonamiento metafísico y filosófico, entiendo mas lo sostenido por Mounier , (ja ja que atrevimiento).
    Si tuviera que dar una opinión, diría al voleo,que la persona es un “hacerse” en el tiempo y por todo su tiempo.
    Creo que hasta en el momento de morirse, cuando la causa de muerte se lo permite, la persona como último acto esta haciendo su muerte, a su modo y con todo lo que ha integrado su mundo

  5. Susana

    Hola Javier:
    Los filósofos sois muy complicados. ¿Porqué intentar conciliar los conceptos “metafísica del ser” y “metafísica del devenir” y no aceptar que en cada ser humano pueden darse una u otra opción? Yo creo que hay seres que introspectivamente sienten que son lo que son, es decir como personas acabadas, con sus virtudes y defectos mientras que otros se conciben haciéndose permanentemente y por consiguiente permeables a los cambios y a los aportes de las circunstancias y de terceros. O ¿es necesario que TODOS sintamos igual? No sé, digo yo, pregunto… O ¿unos somos más seres humanos que otros? Todo depende del color con que se mire!
    No pude poner este comentario que aunque no sea de “nivel filosófico” es algo que se le ocurre a una ciudadana “de a pié” que accede a tu página
    Saludos
    Susana

  6. Lucía González

    Si me permiten, considero que la metafísica de Mounier no es “del devenir” en oposición a la metafísica “del ser” de J. Maritain, así como se puede distinguir lo blanco de lo negro. Tendemos a ordenar, sistematizar, compendiar el pensamiento vivo para volverlo asequible y de esa manera recortamos los matices que, a mi entender, definen la filosofía mounieriana.

    Mounier coincide con los existencialistas en el hecho que recuerdan el sentido trágico del hombre y de su destino en oposición al optimismo ligero de la expansión liberal a la vez que afirman la primacía del sujeto frente a cualquier forma de alienación despersonalizante. Pero no por ello niega la existencia de una naturaleza humana ni entiende que la persona sea únicamente un proyecto que se hace.

    La persona es para Mounier -entre otras cosas- existencia incorporada; unión indisoluble de alma y cuerpo. Esta afirmación lleva necesariamente a otra: la unidad de la humanidad en el espacio y en el tiempo. A través de ella, Mounier se distancia de los existencialistas ateos, quienes al negar a Dios, niegan la existencia de una naturaleza o esencia humanas. La principal crítica realizada por Mounier es que una cosa es negarse a la tiranía de una definición que pueda resultar insuficiente o equivocada y otra cosa muy diferente es negar al hombre. Si del hombre sólo puede decirse que es “projectum”, lo que él se hace, queda negada la humanidad como género, la historia y la comunidad.

    Mounier no teme al diálogo con las diferentes doctrinas, ideologías y hasta partidos. Se lanza tras la verdad que habita en cada una de ellas, superando resquemores, antipatías y aversiones, en la construcción de su humanismo que, siendo voluntad de totalidad, comporta un espíritu de síntesis y de reconciliación. Y si bien se distancia de su maestro, entra constantemente en diálogo con su pensameinto. (Creo que un ejemplo claro de ello son estas obras: “Personalismo y Cristianismo” de E.M. y “Humanismo Integral” de J.M., ambas publicadas en el mismo año, obras que dialogan, que refieren de modo analógico a una misma búsqueda. Se percibe un trasfondo común, fruto quizás de sus encuentros de domingos)…

  7. actoypotencia

    Lucía. Bien por esos conceptos. Creo que tu comentario va en línea con lo que terminaba de sostener Carlos. Me refiero a no dividir en forma tajante ambas metafísicas de acuerdo a la mirada de Aróstegui y apuntar a una síntesis entre ambas. Lo que contás de la amistad y de esas reuniones entre Jacques y Emmanuel, creo que es muy elocuente.

  8. Inés Riego

    Javier, antes que nada debo felicitarte por la valentía de entrar a un tema al que, “en el llano”, pocos se le han animado. Digamos, para precisar, a popularizarlo y eso solo ya es meritorio. Pero además has puesto el dedo en la llaga en una de las temáticas que más rispideces ha creado entre maritainnianos y mounieranos, aquellos tirando hacia una metafísica del ser de corte tomista y recostada sobre la derecha (aunque muchos no entiendan casi nada del trasfondo de esta metafísica) y éstos, los seguidores de Mounier, renegando de ese “tufillo tomista” y tirando de la cuerda hacia una izquierda revolucionaria pero moderada, por cierto. Yo me río cuando dicen que las ideologías han muerto, porque de hecho la realidad dice que estas grandes “ideas-pasiones” del siglo XX no han caducado y están a la orden del día en los discursos políticos y de la cultura en general. Pero te voy a ser absolutamente sincera: coincidiendo con Lucía, no veo inevitable ese hiato entre “metafísica del ser” y “metafísica del devenir”, que son perfectamente conciliables y complementarios, en el plano filosófico al menos. Porque de hecho Mounier no reniega de las categorías metafísicas (aunque critica lo criticable, por supuesto, como la rigidez de ciertas estructuras tomistas propias de un discurso medieval incapaz de pensar la relación como esencial a la persona) sino que las incorpora tranquilamente a su discurso adaptándolas a su razón agapeizada cristiana. De hecho al definir al “indefinible humano” dice que la persona es “un ser espiritual constituido por una forma de subsistencia y de independencia en su ser…” etc., usando desde ya la categoría metafísica de ‘subsistencia’, y ¡hablamos de metafísica del ser! Más bien me inclino a ver las grandes diferencias entre uno y otro en la interpretación de la persona como relación amorosa en Mounier, que es y se hace a la vez, y más clausa y sustantivista en Maritain aunque abierta a lo comunitario, y en las distintas lecturas sobre la esencia de la Iglesia y la cristiandad, Maritain más ortodoxo y Mounier un revolucionario, al punto de dirigir su discurso de denuncia contra la cristiandad difunta y la burguesía cristiana de aquella época, no tan distintas de las nuestras.
    En fin, hay mucho por pensar y más por estudiar, pero tu comentario breve es una puerta abierta perfecta a este debate que todavía nos debemos los personalistas actuales. Y esto sin olvidar que nada puede suplantar al valor del buen diálogo entre las distintas posiciones -y pasiones-, y que desde esta espléndida libertad del pensamiento estamos obligados a ser críticos lúcidos de ambos, siempre viendo y reconociendo lo bueno y noble que uno y otro nos han dejado para poder pensar desde uno mismo. Este espacio refleja precisamente esa libertad sin la cual no somos.

  9. Juan Carlos Vila Alonso

    Magníficos los comentarios… este blog marcha!! La persona es y se hace. Somos narración, somos proceso, pero somos. Ese devenir tiene mucho del concepto de tiempo que Mounier heredó via Chevalier y Péguy de Bergson, la durée. Yo prefiero llamarlo narración. Y además nos hacemos en el sentido de completar, es un proceso de personalización. La forja de un carácter no se produce sobre vacío, pero tampoco somos desde el principio ya dados como vamos a morir, eso sí que sería una aporía, Carlos. El problema entre Maritain y Mounier viene más por el sentido de lo comunitario, que si bien Mounier lo intuía en el tiempo de mayor relación con Maritain, con la llegada de Landsberg a su vida, y con el concepto de compromiso que le aportó el alemán, fue consciente de la distancia que les separaba; la acción es connatural a la persona, y esa acción nos lleva a comprometernos en la acción con otros.
    No quiero extenderme y aburrir, creo que con esto se aporta más al debate.
    Por cierto, me encanta ver la influencia de Carlos Díaz en ustedes…

  10. Maria Cristina Roth

    Coincido con inés en el comentario pero tamién me genera la pregunta si es necesario seguir tirando de la cuerda o sería más positivo una actitud integradora-desde los dos lados- acerca del mundo del “ser” y del devenir” No creo que haya hiato alguno sino que el ser va siendo en el devenir… de ahí su historicidad. Su realización en la comunididad de individuoa… pero la tenporalidad es ingherenteal ser en su devenir…

  11. Juan Carlos Vila Alonso

    Queridas Inés y María Cristina, no creo que sea una cuestión de posiciones contrapuestas, sino de visiones distintas de una misma realidad. Eso implica que cada uno se posiciona para ver el cuadro desde su lugar, con lo que no hay hiato, y quien quiere ponerlo tergiversa la realidad. La cuestión es ser capaz de mirar desde distintas posiciones para ver la realidad completa.
    También es cierto que hay momentos que exigen más una mirada que otra. La eterna tensión de las democracias cristianas entre la mariteniana y la mouneriana se expresa en un menor o mayor compromiso con la realidad. Maritain nos demanda una mayor contemplación para profundizar en el ser, mientras que Mounier exige hundir manos y pies en el fango de lo continuo para comprenderlo y actuar en él.
    Tener estas cuestiones claras es primordial para que ambas visiones dialoguen y se enriquezcan. Es como si me dijeran que no es necesaria una filosofía de la persona a lo Von Hildebrand o Guardini, o que el Personalismo Comunitario de Carlos Díaz es superfluo.

  12. Debates del personalismo | Juan Carlos Vila

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