“Vivimos negando nuestros más profundos problemas y ni nos damos cuenta”, señala Gabriel Zanotti en un breve texto de su autoría que hoy compartimos en Acto y Potencia. Este doctor en filosofía y destacado docente argentino, con quien tuve el privilegio de estudiar, aborda con sencillez uno de los más grandes problemas en la historia del pensamiento. Plantea que en tanto un individuo no asuma que no es tan perfecto como quisiera, negándose a ver las propias limitaciones, no hace más que caer en la superficialidad, el autoengaño y profundiza la neurosis.
¿Quiénes Somos?
Por Gabriel Zanotti
Volvamos al tema de la identidad. Para Descartes fue muy importante en su momento la certeza de que somos. No “qué somos”, sino que somos. Pero hay otra pregunta: ¿quiénes somos?
La pregunta atraviesa los estudios de espiritualidad cristiana y de psicología profunda, que tienen en ello un punto de contacto no suficientemente explorado.
¿Quiénes somos? La pregunta no nos gusta. Nos enfrenta a lo más profundo de nosotros mismos, una habitación de nuestro castillo interior, según Santa Teresa, a la cual no queremos bajar. Nos parece mejor vivir dis-traídos que con-traernos a lo más profundo de nuestro ser, el verdadero ser olvidado. La famosa existencia auténtica, que más que exsitir, re-siste en las capas más profundas e ignoradas de nuestra vida.
La noción iluminista de racionalidad, como sinónimo de cálculo o de reglas prácticas, tampoco nos ayuda. “¿Cómo se hace” para saber quiénes somos? Incorrecto planteo, no hay una serie de reglas, un método específico. Hay un contemplar, un meditar, un diálogo con nosotros mismos muy parecido a un psicoanálisis existencial.
El psicoanálisis, precisamente, nos ayuda mucho. Las dos tópicas freudianas no son categorías antropológicas, sino funciones de una misma psiquis que constituye el yo espiritual, nuestra esencia individual. A lo largo de la evolución de nuestra psiquis tenemos conflictos, pero más que conversarlos, tendemos a negarlos, a negarlos tan profundamente que hasta nos olvidamos radicalmente de nuestra negación: vivimos negando nuestros más profundos problemas y ni siquiera nos damos cuenta. Mientras tanto, construimos de nosotros mismos una imagen de superman, que nos impide tomar conciencia de nuestros límites existenciales y psíquicos. El resultado es la superficialidad existencial, el autoengaño y la profundización de nuestras neurosis.
La cuestión es iniciar un diálogo socrático con nosotros mismos, ayudados por alguien que comprenda y escuche, por el cual vamos tomando conciencia de nuestros límites, y de ese modo vamos adoptando una existencia más humilde, más comprensiva de los demás y más abierta a un auténtico mejoramiento, consciente de nuestras debilidades. Hay una unidad secreta entre la mayéutica socrática, la mística cristiana y el psicoanálisis: los tres nos conducen a una existencia más auténtica. Sólo sé que no sé nada, inicio del saber. Soy un pecador, inicio de la apertura a la Gracia Redentora de Dios. Sé que padezco una madeja de conflictos y no soy un superman perfecto, inicio de la curación de nuestras neurosis. Conciencia de los límites. No es gran cosa. Para nuestra naturaleza, herida por el pecado, maestra del autoengaño… Es mucho.



A veces me cuesta creer que el mundo no está perdido completamente. Ver que aún queda quien reflexiona de su existencia y de su ser, y sobre todo que invite a otros a hacer lo mismo, me gratifica y me da esperanzas.
De adolescente comencé a reflexionar sobre mi y la vida en general… cuando creí saber quién era, ya no era más aquella persona. Creo que en mi caso, o capaz el de todos, la búsqueda de uno mismo puede llevar toda la vida. He aquí el problema, si contestarme la pregunta “¿Quién soy?” ha sido difícil en mi adolescencia; mucho más arduo ha sido abrirme a una nueva búsqueda interior porque las experiencias vividas me han cambiado y la respuesta que alguna vez forjé dejó de ser parcialmente válida.
Creo que volver a preguntarse a uno mismo “¿Quién soy?” está directamente relacionado a la conciencia del paso del tiempo y de las diferentes etapas de la vida; que hoy en día tanto se intentan postergar…
Querida Nani, sin dudas postergamos la pregunta de quién soy, porque incomoda o en otras palabras, porque cuando reflexionamos con sinceridad sobre nuestra vida, solemos encontrarnos con que en mayor o menor medida vivimos alejados de nuestro ser más auténtico. Entonces, mucho más fácil abandonar eso que nos distingue de todos los hombres habidos y por haber y seguimos al rebaño… consumimos lo que consumen todos y así terminamos pensando como la mayoría, sin ver si realmente me encuentro a gusto con esa posición. Me atrevo a decir estas cosas, precisamente porque no tengo resuelta la cuestión, ni mucho menos y por ser testigo en primera persona del extravío. Lo que salva, de todos modos, es seguir preguntando, seguir inquieto y no traicionarnos a nosotros mismos. Te mando un beso y me alegro por que hayas escrito. Javier
Va a ser que yo también me quedé reflexionando sobre el tema, porque como dije antes es algo que no se cierra para mí. Cuando volvía de la Universidad en el colectivo (autobus) pensaba: ¿Qué es lo que cambió?
Cuando era adolescente, y reflexionaba sobre “¿Quién soy?”, en realidad, estaba decidiendo conscientemente por primera vez en mi vida quien quería ser. Quiero decir, en mi adolescencia decidí primero quien quería ser y luego fui. Hubo una transición, cambios, armoniosos entre lo que era y lo que quería ser; para finalmente ser mi yo más auténtico.
La consecuencia directa fue ser feliz, saber quien era, ser yo misma.
En la juventud ya tuve cuestionamientos sobre si debería cambiar o no mi ser más auténtico; o debería decir “el ideal de ser” que tenía para mí misma. Lo primero que noté fue, que yo era marcadamente inocente. Viví las bofetadas de la vida por ser inocente, y ahí volví para atrás y me cuestioné, ¿quiero mantener mi ser auténtico inocente, idealista…?
Creí que podría mantenerlo igual.
Ahora contesto, pues no. La vida ya me cambió, las experiencias vividas me han cambiado: creencias; modos de sentir, ver, analizar y comprender las diferentes situaciones…
Escribí que para mí la pregunta “¿Quién soy?” está directamente relacionado a la conciencia del paso del tiempo y de las diferentes etapas de la vida. Porque creo que en mi adultez, o como se diga lo que uno transita a los casi 30 años, cuando me pregunto “¿Quién soy y quién quiero ser?”, no puedo volver a mi ser auténtico adolescente. Quiero seguir siendo un poco inocente e idealista, pero no como cuando tenía 16. Lo suficientemente inocente y soñadora para completar mis anhelos interiores y no morir en el intento. Aprovechando mi conocimento del mundo para saber enfrentarlo y transformarlo.
Nani, qué difícil y a decir verdad no sé si debo contestarte, pues sin dudas se trata de un tránsito personal y es cada uno el que puede encontrar las respuestas. Lo que sí me parece -y esta es la intuición que me mueve-, el ser auténtico o la esencia de cada uno es inmutable, dado que viene a ser, digamos, la versión más pura de uno mismo. De esa manera hay veces que estoy más cerca y otras más lejos de “quien en verdad soy”; y en eso radica la autoestima o el sentirse a gusto consigo mismo… Y digo esto porque se me ocurre que quien es coherente consigo mismo y no puede ser de otra manera que como es, por más que sienta rechazo de los demás, vive en armonía con su ser y creo que eso vale por sí mismo. Ahora, estoy compartiendo una intuición bastante convincente para mí, pero de ninguna manera garantizo su certidumbre, con lo cual claramente puede disentirse. Es más, invito a disentir!!
Estimada Nani,
estas cuestiones son largas. El propio ser no es tanto una elección, sino un descubrimiento progresivo. No responde tanto a la pregunta “cómo se hace¨, ni tampoco tiene que ver con la inteligencia que miden los tests. Tiene que ver con un pensamiento contemplativo de sí mismo muy olvidado por la ciencia y la filosofía actual y casi oculto, sí, en la oración y en las buenas tarapias. No hay fórmulas metódicas para ir al fondo de sí mismo/a. Deja que la vida te golpee, no evites relaciones comprometedoras con los otros y entrégate a lo que te dicte la misericordia.
Cuando lo leí pensé que podría ser más coherente con las otras dos partes hablar de terapias más humanísticas como las gestálticas. Desde mi forma de ver el psicoanálisis forma parte de “los maestros de la sospecha”. Todos tienen puntos que son positivos; la importancia de la historia y la economía del marxismo, o la crítica al cristianismo de Nietzsche, se podrían sumar a la importancia del interior de la persona y de las distintas formas de aparecer del sujeto que aporta el psicoanálisis. Pero no podemos olvidar que son formas de ver al individuo, no a la persona, y que son deudoras de la ilustración y el racionalismo. Habría mucho que decir, pero quizás esto pueda abrir debate..
Estimado Juan Carlos,
su atinada observación tiene que ver con una futura forma de presentar el psicoanálisis por mi parte, que queda pendiente. Aún no la he escrito, pero lo básico es incorporar las dos tópicas freudianas a la antropología filosófica de Sto Tomás y despojarlas de ese modo de toda filosofía anticristiana. Es un trabajo arduo y difìcil y espero que Dios me de fuerzas, porque lo radicalmente bueno del psicoanálisis es de-velar nuestras más profundas negaciones que impiden vivir auténticamente la vida de la gracia, nada menos (porque la Gracia supone la naturaleza).