8 comentarios para “El boom de la espiritualidad”

  1. Maria Ines(a)Talita qum

    Estoy de acuerdo con tu valoracion en la introduccion en todo.
    Lastima, todos de alguna forma u otra apuntan a dejar de lado a Dios mas que todo, mas bien como si no existiera, como si la religion nos sometiera a un prejuicio que cierra nuestras mentes, ah, y claro, por las dudas, separar bien la espiritualidad de la religion para que no huyan despavoridos los clientes en potencia.
    Ari Paluchi, por favor!… siempre sale la idea panteista de que «Dios es todo, puede ser el aire…», y no tener claro que Dios es PERSONA DISTINTA de la naturaleza, ¡ES PERSONA!
    Estoy segura de que estos panelistas que buscan la paz, el bienestar y todo lo que nombraron, (que no es en si malo o incorrecto), van a llegar algun dia a la conclusion de que en el principio y el fin esta Dios, solo que dieron mas vueltas para saberlo. Y no es que estè satisfecha, solo sè que estoy en el camino mas corto y facil. Me juego.

  2. Maria Ines(a)Talita qum

    En fin, es bueno que estas cosas vayan surgiendo, vayan saliendo a la luz y se podran hacer mas aportes.

  3. actoypotencia

    María Inés, lo que me llama la atención en general de este tipo de discursos que promueven tanto el «bienestar» que cuando acaece una situación dolorosa o hay que atravesar el sufrimiento, se acabó el sentido, el bienestar. De no tener una filosofía o bien una creencia religiosa, en donde uno pueda dotar de sentido esos pesares, no queda más que la desesperación. Si bien me encuentro un poco lejos del «dogma», tampoco me convence la exaltación de esa espiritualidad en donde Dios se diluye… si Dios lo es todo, quizás en el fondo no sea nada. En fin, para reflexionar. Por lo que contás, me imagino que el «combustible espiritual» es tu libro de cabecera jaja. Saludos!

  4. Inés Riego

    Javier, María Inés y todos los que lean, les confieso que no vi el programa pero por la gente que participó y por sus comentarios puedo imaginarme a la perfección que esto fue una puesta en escena de lo que mucha gente «quiere entender» por espiritualidad y búsqueda de Dios, más allá de su posible formación religiosa o arreligiosa y más allá de la legitimidad indudable que cada persona tiene de recorrer su propio camino y acoger lo que le suena más verdadero o, muchas veces, útil o creíble en ese momento de su vida.
    Lo cierto es que el «boom actual de la espiritualidad» no es una casualidad ni una consecuencia directa del éxito de la New Age o el budismo, sino de una suma compleja de factores históricos en encrucijada con el cristianismo pero todos enraizados en la necesidad profundísima e idéntica de trascendencia y de sentido que tienen las personas desde el inicio de la humanidad. Esto se ha exacerbado en nuestros días por ese movimiento pendular, de contradicción permanente, entre un modelo consumista (sic la entrega anterior), hedonista y economicista a ultranza -tácita o explícitamente sin Dios al fondo- conducente a una vida de hastío y vacío, con una negación casi indecente del valor de la persona como fin en sí, y un modelo -que muchos avisoran como posible y verdadero pero cuesta concretar- cuyo fin y centro sea la persona, su vida y su sentido absoluto anclados en un Dios Persona, dador de amor incondicional y respetuoso a ultranza de la libertad humana.
    Porque, no nos engañemos, el deseo de bienestar, de paz, de sanación o de felicidad es una búsqueda legítima y buena siempre y cuando se integre y respete el todo integral que somos en reciprocidad absoluta con los derechos y necesidades de los otros, porque, en definitiva, somos «yo y tú», somos personas en comunidad y estamos hechos para ser «con y para los demás».
    En tal sentido, no es de extrañar que la propuesta del personalismo comunitario esté ausente, en primer lugar porque «no vende» soluciones mágicas, ni rápidas, ni fáciles, y en segundo lugar porque entraña compromiso, estudio y mucho trabajo personal. Y quizás porque los mismos personalistas comunitarios no estemos lo suficientemente enamorados de la revolución del corazón -la personalista y comunitaria de Mounier- que nos está faltando, y por eso mismo nos cueste más decir «Adsum»: aquí estoy, presente para vos.

  5. maria cristina roth

    Coincido con el crítico análisis de la Dra Inés Riego. Y en nuestra época conviven paradojas tales como, por un lado, la gravísima enajenación del ser humano y, por otro, una inquebrantable fe en el hombre. Una fuerte secularización y desacralización de nuestra sociedad, que lleva a una funestra fragmentación, enajenación ,vacio existencial de la persona, des-encarnada de aquellos valores que la constituyen y le otorgan sentido a su vida. Tan explicitados por Mounier y -tal vez- no tan practicados por nosotros los personalistas comuniatarios, como señala Riego.Pero creo que las «utopías realiastas», persistirán mientras las personas sean concientes de su potencial de superación y de trascedencia.

  6. Maria Ines(a)Talita qum

    Javier, ¿sabès que aunque lo senti cuando los escuchaba, no registre esto tan importante que decis sobre el sentido: te cito: «cuando acaece una situación dolorosa o hay que atravesar el sufrimiento, se acabó el sentido, el bienestar. De no tener una filosofía o bien una creencia religiosa, en donde uno pueda dotar de sentido esos pesares, no queda más que la desesperación.»
    Las propuestas sectarias e improvisadas tipo «pare de sufrir», no contemplan esto. Me da mucha pena que la gente que los sigue no se dè cuenta, ya sea por sus limitaciones o por que le conviene.
    Adelante con estos temas tan lindos, a ver si nos enriquecemos no un poco, sino BASTANTE!!! Ahora voy a tomar impulso para leer el nuevo. Saludos!

  7. Maria Ines(a)Talita qum

    Se lo voy a mandar a mis hijos, sobre todo al menor, Juan Ignacio, donde en el cumple nos sentamos a conversar sobre el tema de tu cita, (sin haberla leido) Hubiera sido una buena pregunta para hacerle ya que el cuestiona todo. Y me parece perfecto que podamos hablarlo en familia.

  8. Gonzalo

    Celebro la apología de la búsqueda interior que está marcando a este nuevo milenio. Sin dudas estos tiempos deben ser tiempos de espiritualidad. Sin embargo, creo que la nueva religiosidad posmoderna ha separado la trascendencia de la propia condicion existencial del hombre y por el contrario promueve la búsqueda de una paz interior y de una realización que no solo no realza con creces la búsqueda del prójimo sino que tambien pretende arrancar al hombre de su contexto inmediato desprendiendolo de lo accesorio, de las circunstancias, de lo fortuito e incluso de aquello que lo mide como persona inserto en el aquí y ahora. Hay una insaciable incompostura del hombre frente a lo que le sucede que no siempre es un morirse solo. Lo paradojico del caso es que frente a los arcanos senderos de la existencia la nueva espiritualidad receta una mayor inmersión en el yo como si un viaje hacia nuestra trascendente condición podria escindirse de la realidad que afrontamos. Asimismo, plantea la noción de un ser humano ilimitado en tanto capacidades y realizaciones, subordinando muchas veces el espiritu al exito y la realización personal a la paz interior. Creo que a la imprescindible busqueda espiritual debe añadirsele no solo el reconocimiento de la la empatía comunitaria sino también el discernimiento de nuestra propia humanidad con sus miserias y sus posibilidades mas genuinas. No solo liberandolo de la alienación material se salvará al hombre. En sintesis, necesitamos ir primero por un ser humano inclinado hacia lo trascendente pero comprometido con su tiempo y conciente de que los imanentes caminos de la vida son a veces demasiado insondables como para pretender comprenderlos y vivirlos con una sola respiración profunda.

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