Autor

20 de enero de 2010.

Soy Javier García Moritán.

Hace ya un tiempo que escribir es una necesidad en mi vida. En realidad siempre tuve claro que tenía vocación por la expresión, aunque no me era tan patente el camino que más me convocaba. De ahí mi formación profesional como licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UBA, pero también aquella incursión temprana en la música, escribiendo y componiendo canciones.

Ese entusiasmo por transmitir algo, aunque no tuviera tan claro de que se trataba, encuentra una primera dirección más o menos convincente a mis 21 años. Fruto de una profunda experiencia religiosa, escribí “Una luz que se enciende…”, un libro editado dos veces de manera independiente, que presenté en diversas oportunidades en Buenos Aires y en localidades del interior del país. Las invitaciones que amigos y allegados me hacían, reuniendo personas a priori interesadas para que testimonie las vivencias que me marcaron, me hacía creer que por más pequeño que fuera, había dado un paso importante en el mundo de la narración.

Algún tiempo después, mi escritura (y lectura) espiritual daría un vuelco hacia la filosofía, al comprender que los acontecimientos no tienen significados unívocos y que la intuición al servicio del pensar puede iluminar realidades que trascienden una primera mirada. De ese modo conocí a los autores que, entre otras cosas, me han inspirado la creación de este sitio: Marcel, Maritain, Frankl, Bergson, Jaspers, Kierkegaard, Ortega, Heidegger, Mounier y muchos más. Asimismo, Esa nueva forma de expresión me animó a contactar a Santiago Kovadloff, con quien mantuve una serie de reuniones en las que me estimuló a dar lugar al “ensayista”. En esa instancia, Kovadloff quería enseñarme que no importaba tanto cuál era mi opinión sobre las cosas, sino qué me pasaba a mí con esas cosas que me importaban.

De la mano de tales experiencias, emerge todo un bagaje de conocimientos, aspiraciones y emociones que me hacen quien soy, mas no como la estática presentación de un curriculum vitae, sino como las piezas más o menos ordenadas que me disponen en pos de la singularidad. Es el ejercicio que desde Acto y Potencia me planteo; compartir mis pensamientos –pocas veces acabados- con otras personas a quienes la pregunta por el ser los desvela, o más acá: generar un espacio para la intimidad del sentir, descansar en la indagación que conforta.

Darme lugar a la incertidumbre, a la intemperie, es lo que me propongo como itinerario; asumir el tropiezo como posibilidad y el vacío como una latencia que acecha. Es que advierto la poquedad en la que caigo si me aíslo, al tiempo que reconozco el valor de los dones puestos al servicio. Dicha situación me interpela a dar mi aporte, humilde, parcial, pero auténtico.

Nací el 1 de septiembre de 1980. Casado y con dos hijos. Además de mi pasión por la filosofía, me dedico a la gestión de la sustentabilidad corporativa.