Un casamiento. Una prédica. Una reflexión

A continuación presentamos un artículo bien testimonial y de prosa directa que trata la experiencia vivida en el casamiento reciente de unos amigos muy queridos. Si bien Acto y Potencia no ha sido hasta ahora un espacio de carácter puramente testimonial, me he planteado a mí mismo aterrizar determinados conceptos y reflexiones a partir de la vivencia concreta de acontecimientos que me alcanzan en la intimidad y que intuyo pueden ser acompañados desde este lugar de apertura a un compartir más amplio. En esta oportunidad debo la reflexión a Débora y Santiago, testimonio valioso ellos mismos con la coherencia de sus pasos y que en el gesto de su casamiento transmitieron entre quienes los acompañamos mucho más de lo que imaginan. El Padre Ramiro, franciscano de los frailes menores, quien los casó, merece un párrafo aparte. Como decía José Luis Martín Descalzo, un cura que aburre es porque no siente lo que está diciendo, bueno, veremos qué ocurre cuando en este caso no sólo se siente lo que se dice sino que además se vive.  

Anoche se casaron unos amigos que hicieron de un evento sin dudas relevante para sus vidas, lo fuera también para todos los que participaron. La ceremonia religiosa, con misa de esponsales, fue un testimonio muy elocuente de una religiosidad auténtica. En tiempos en que este tipo de rituales se llevan adelante para dar cumplimiento a una mera formalidad, estos novios junto a un fraile franciscano, conmovieron a una iglesia repleta.

El casamiento de Débora y Santiago será recordado por muchos, como un casamiento inusual y muy emocionante por cierto. Pero a decir verdad, la ceremonia en su estructura no fue diferente a otras, a excepción de lo que lograron los celebrantes: que se respire una espiritualidad profunda, una coherencia y un compromiso manifiesto que iba más allá de lo que implica el matrimonio en sí mismo, cosa para nada menor.

Gran responsabilidad de esto la tiene el Padre Ramiro, un sacerdote de la orden franciscana de los frailes menores, que me atrevo a decir, causó una revolución entre los presentes con su prédica sobre el evangelio de las bienaventuranzas, elegido por los novios.

El sacerdote, que denominó a nuestro tiempo como de exaltación del ombliguismo, dio una lección existencial que más que dejar impresionados racionalmente a quienes allí estábamos, por la elocuencia del mensaje en el plano del discurso, tocó las fibras más íntimas de los amigos y familiares de Débora y Santiago presentes. Quizás las verdades dichas en la ceremonia no sean del todo nuevas que digamos, pero sin dudas la combinación del sermón del fraile con el espíritu sincero de querer vivir esas palabras, por parte de los contrayentes, ofrecieron el marco adecuado para un acontecimiento verdaderamente movilizador.

En el evangelio escogido, de las bienaventuranzas, Jesús presenta el decálogo de una auténtica vida cristiana, o más: de una auténtica vida humana, en donde los valores presentados invitan a un estilo de vida totalmente a contramano de los valores dominantes hoy en día. El Padre señaló que en la actualidad el grueso de nuestras preocupaciones giran en torno a lo material y a la significación que damos al auto que tengo, el barrio en donde vivo, la cuenta bancaria, etc. Frente a estas metas propias del individualismo materialista, la reflexión que el sacerdote hizo sobre las bienaventuranzas, en donde Jesús proclama felices a los pobres, los misericordiosos, los mansos de corazón, los que son perseguidos a causa de su nombre, etc. estableció un contrapunto que logró hacer brillar los ojos de muchos.

Es que todos en mayor o menor medida asistimos en lo cotidiano a ese despliegue de disvalores que ponderan al yo escindido de la comunidad, que no guarda compromisos más que por interés y que busca alcanzar una serie de conquistas para lucirse ante los demás, pero que en el fondo sumen al alma en una profunda tristeza. Puede ganarse mucho dinero, pero si no he compartido mi vida con los demás, ese dinero no me servirá para nada, reflexionaba el Padre Ramiro. Tan deslumbrados estamos por determinados cánones de alabanza posmoderna que olvidamos que lo único que termina diciendo quiénes somos, es el grado de nuestros vínculos, nuestra capacidad de amar y ser fecundos en una construcción compartida.

Del mismo modo el fraile dio un mensaje a los novios, como guiándolos a esa felicidad de las bienaventuranzas. Los invitó a nunca dejar al pobre sin respuesta, a no volver la cara a quien los necesite o dejar sin consuelo a quien busque su ayuda. Aseguró que siempre se puede dar, sea compartiendo el pan, dando alojamiento, acompañando en el dolor. “Nunca sean indiferentes ante el pobre”, fue la frase transmitida con más énfasis.

¿Cómo no sentirse uno interpelado ante la contundencia de ese mensaje? Mensaje que se fortalece al ver cómo los valores que pregona la sociedad llevan al vacío y a la soledad y que más que en el juicio que podamos tener de la vida de los demás, el punto es ver cómo yo participo en esa lógica que me pervierte, que trastoca lo más puro de mí mismo y me hace creer en una realización material que deviene en encierro de mí mismo, aniquilando de este modo toda conciencia, toda sensibilidad propiamente humana. Fue inevitable en ese denso silencio de atención introspectiva que compartimos los allí reunidos, sentirse interpelado por la cantidad de veces que miramos al costado ante la realidad sufriente, o bien cómo a veces nos concentramos tanto en falsos proyectos de felicidad, que ya no vemos a quien nos necesita. Y que precisamente allí está la clave de la felicidad, en ser con el otro, en la donación de uno mismo, en el servicio.

Por el contrario es extraño darse cuenta del sinsentido de los valores posmodernos de exaltación del yo, lo que yo quiero, lo que yo me merezco, yo, yo, yo… cuando tras este solipsismo no hay ninguna realización. Cómo no emocionarse al comprobar que hay otro camino que tiene que ver con un estilo de vida austero, sencillo, abierto a los demás. Y que existen ciertos principios, seguramente más grandes y estables que lo que pueda indicar mi estado de ánimo en un momento u otro. En definitiva, que la justicia, la solidaridad y el perdón, que una vida que abrace,  consuele, ame, es la senda para una vida con sentido.

El homenaje para estos amigos que se proponen encauzar una vida, a partir de ahora de a dos y para siempre, en base a valores que los pintan de cuerpo entero y el agradecimiento al Padre Ramiro por permitir a Dios tocar el corazón de tantos que buscamos.

10 comentarios para “Un casamiento. Una prédica. Una reflexión”

  1. Gonza

    Sin dudas una gran ilustracion de lo que fue ese momento. Gracias Javi y gracias D y S por hacernos reconfirmar que lo unico util en la vida es el amor como el que Jesus da para que sigamos cultivando los vinculos escenciales, como el de la amistad sincera y el del amor filial de los esposos. La vida matrimonial vale la pena porque es una invitacion a dar sin pedir nada a cambio. Un abrazo

  2. celina oribe

    No pude estar presente en la ceremonia, pero nunca dudé de que iba a ser fuerte, vivencial y profunda…
    Gracias por compartirnos este testimonio, que nos hace partícipes de la fiesta en el cielo que se celebró el sabado.

  3. Maria Ines (a) Talita qum

    Hermoso gesto compartir esta experiencia.
    Hace mucho que no escribo, pero lo leo siempre.
    ¿Pensaron que por 10 personas que dejan su comentario, puede haber 100 que no lo hacen, pero lo leen de todas formas?

    NECESITAMOS DISCERNIR EL MOMENTO DE ESTE TIEMPO, PENSAR ES TAN LINDO PARA DAR FRUTOS!!! Y LUEGO… HASTA DONDE LLEGUEMOS AGOTADOS DE PENSAR, DEJAR EL PENSAMIENTO PARA LLENARLO DE DIOS!!!
    O SEA: que siga por siempre el blog!!!

  4. actoypotencia

    Gonza, Celina, María Inés

    Gracias por sus mensajes. Saben que muchos de los que estuvieron presentes me decían, por qué no contás que llevaron las ofrendas los chicos del hogar, o que el sacerdote iba y venía por la nave central de la iglesia, etc, etc. y otros gestos muy lindos, pero preferí no hacerla tan larga y que a lo sumo vayan agregando comentarios los demás, pero es como vos decís María Inés. Muchas personas leyeron el artículo, es más, fue el artículo más leído del año y sin embargo cosechó pocos comentarios. En fin, se valora su apoyo y aliento.

  5. Carlos Alberto De Tomasi

    Hay otros mundos…pero estan en este…

    junio 18 – 2011

  6. Juancho

    Que bueno, al fin un casamiento que salga de lo puramente social, incluso dentro de una iglesia, porque la mayoría de los concurrentes va de careta, solamente a poner la caripela y mirar como se vistieron los novios…!
    Me alegro q el cura los haya conmovido. Son necesarios sacerdotes así, (como bien se destaca) que nos interpelen con su mensaje.

  7. caris

    En un par de palabras se puede exponer aquello que se vivio en esta UNION DEL AMOR.
    Fue un amante profundo de la vida que lleva quièn logro con su predica que nuestras realidades se consulten con nuestros deseos de vida.
    Quienes en ese altar se Dijieron que desde ese momento se tomaban por esposos para amarse y respetarse toda la vida nos regalaron un momento ùnico. Simplemente con gestos puros nos invitaron no solo a compartir esta celebraciòn con ellos sino a ser parte de esta eleccion y porque no motivar a que cada uno haga su elecciòn hacia una vida mas libre y sincera.

    Un Placer leer esta publicaciòn que deja su huella en este mundo cibernetico donde parece que nada se palpa. gracias.

  8. Mac

    Javi: Me encanto ! gracias.

  9. Lourdes

    Qué lindo artículo! La verdad que fue un casamiento especial dentro de los cánones actuales y no por ninguna rebelión contra los mismos sino porque lo que sucedía simplemente tenía un aire envolvente de honestidad, de emoción, de celebración genuina y de Fe. No es por desmerecer el compromiso de otras personas sino para destacar que cuando esta fiesta se hace desde un lugar así, desde un sentir así, da mucho gusto participiar y es sin duda inspirador.

    Gracias por compartir y llevarnos a la reflexión!

  10. Virginia

    Estuve leyendo algunas notas y comentarios y me encontré con que no soy la única que lee siempre tus artículos y no los comenta. Por lo cual gracias a Ines (Talita) estoy escribiendo.
    Esto me llevó a pensar¿ por que no lo hago?. Creo que son varias razones , entre ellas las corridas de la vida diaria pero la que enseguida viene a mi cabeza es la comodidad de recibir y no agradecer.
    Gracias Javier, tus artículos son muy profundos,quizas por eso no me anime a escribir, me hacen pensar mucho y lo más lindo que siempre me dejan alguna enseñanza.
    Gracias
    Virginia

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